Pues otra noche igual.
Otro error.
No entiendo ni porqué hago esto.
¿Por mi? ¿Por ti?
No lo sé.
Sólo sé que no puedo aguantar esto más. Es tan difícil... Vivo entre el odio y la culpa y no sé como salir de este maldito agujero. A veces echo de menos los brazos que me consolaban, porque los necesito, dios, los necesito mucho.
Otras veces sólo quiero verlos tan llenos de cicatrices como lo eestán mis piernas. Es tan confuso que siento un tornado de emociones en mi cabeza y no puedo escapar de mi misma.
Y cuándo ya llevo media hora esperando y esperando me pregunto si de verdad estaba tan superado.
Me pregunto si de verdad me eres indiferente, si de verdad soy capaz de verte y que no me salte el corazón hasta la garganta.
Y dios, si no soy capaz de aclararme esto va a acabar conmigo, y te juro que no va a ser bonito.
lunes, 21 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
Han sido meses difíciles, para qué negar la evidencia. Meses de llantos agarrada a una botella de vodka, meses de canciones tristes cosidas a cigarrillos. Meses de pérdida, de sangre en la bañera, de nada en el estómago, de nada en el corazón. Mentiría si digo que estoy fuera. Mentiría si digo que tus palabras no me persiguen cada vez que veo mi reflejo. Y quizás esto podría haber merecido la pena. Todo el dolor y todas las voces hirientes de mi cabeza, todos los índices en mi garganta y todas las lineas rojas que tracé en mis piernas. Quizás habría merecido la pena si hubieras abierto los ojos. Pero ya veo que tu forma de ser, manipuladora y egocéntrica, sigue ahí, intacta. Quizás siento más pena por ti que por mi. Crees que lo tienes superado (pobre ingenuo) pero adivina quien no va a clase y se fuma varios porros al día. Quizás no sea la única tonta aquí estancada, ¿no crees? Bueno, de todas formas, la vida sigue. Saldremos adelante, y recordaremos esto. Tú con cariño, como aquella pobre chica, sólo quería que ella me quisiera, lo di todo por ella y no salió bien. Ojalá pudiera pensar igual cariño. Pero jamás podré. Porque para mi sólo fuiste aquel que plantó las semillas de la inseguridad y el odio bien adentro de mi, donde era muy difícil sacarlas sin hacer un destrozo. Tú sólo has sido el que me enseñó a amar y a odiar el hecho de amar a causa del sufrimiento que me provocaste. Aquel que me destrozó, en cuerpo y alma, como se suele decir. Y despues de todo, lo único que me queda por decirte es que buena suerte. Buena suerte, que te vaya bien. Que encuentres a alguien que te llene. Que encuentres a alguien que te haga ver; no con los ojos, sino con la cabeza, con tu mente. Que te haga ver lo que hiciste a aquella pobre chica triste. Y espero que entonces caigas en cómo he estado. En que si que merecía una disculpa. Y en que tú no la merecias.
Esta noche será de esas difíciles. De esas de escribir para no dejar que salga todo por las muñecas, sino por el papel. Mancha menos. Y es más sano. Pero me alivia la idea de que cada cigarro que translada su veneno a mis pulmones me aleja un paso de ti, porque tu veneno es mucho más nocivo. Me alivia pensar que cada vez que me pinto los labios y me pongo falda corta te estoy sacando de mi, a ti y a tus ideales atrasados.
Nunca fui tuya. Me maltrataste como a una esclava pero nunca fui tuya. Mantengo mis ideas fuertes debajo del manto de opresión que me pusiste.
Y creo que es hora de destaparse.
Y de paso,
quemar el manto.